martes, 23 de diciembre de 2008

300


La inspiración que proporciona una epopeya heroica tan legendaria como la batalla de las Termópilas es capaz de atravesar el tiempo para servir de guía a artistas de todo tipo. Uno de ellos es nada más y nada menos que Frank Miller, todo un referente en el mundo de la novela gráfica. Así nace 300, que narra el enfrentamiento entre Esparta y Persia en el desfiladero de las Termópilas. En un principio se publicó en cinco entregas allá por el año 1998 en Estados Unidos. Posteriormente apareció un tomo de tapa dura acoplando las dobles páginas en una sola en forma apaisada, éste es el que ha llegado a mis manos. Frank Miller se encarga tanto del guión como del dibujo, dejando el coloreado para Lynn Varley. La trama no inventa nada nuevo, tal vez alguna que otra licencia histórica y un más que acentuado carácter prepotente de los orgullosos espartanos. Aprovecha para el guión alguna que otra cita histórica que ha llegado hasta nuestros tiempos, lo que engrandece un poco más al mismo, ya de por si bastante bueno. El relato está contado por una especie de guerrero cuentacuentos que ameniza las veladas de los duros hombres del Peloponeso. La historia te atrapa a primera vista con un ritmo que delata una tensión contenida, con un aliento de tragedia que se está forjando y que la personalidad de esos hombres hará inevitable. Muy bien construido esta, en ese sentido, el rey Leónidas, mostrando tanto la prepotencia de una polis singular, como la tensa espera de un sacrificio anunciado. La historia pone los pelos de punta, tan solo imaginar que algo así sucediera en realidad ya es capaz de estremecer al más hombretón. En cualquier caso, ese desprecio por la muerte parece más una motivación extra que pretende eliminar el temor, que una sensación real en un ser humano. De todos modos es admirable el espíritu de un pueblo con una personalidad tan aplastante, sobre todo de un líder como Leónidas, capaz de desafiar la tradición ancestral en un momento decisivo en la historia de la humanidad. No se si ahora el mundo sería mejor o peor, pero es seguro que de no haber sido por los trescientos espartanos no sería como lo conocemos en la actualidad. El relato esta repleto de frases lapidarias que acompañan momentos épicos muy bien representados, el seguimiento de los acontecimientos es fluido, cuando te das cuenta ya te encuentras en el desenlace y te tocas la cabeza a ver si llevas el casco puesto, preparado para recibir la embestida persa. Si la trama es emocionante, aunque predecible, ya que de todos es conocido el resultado final, el aspecto visual es realmente impactante, con un diseño espectacular y un color que desprende un olor a tragedia por los cuatro costados. Los personajes están dibujados con un estilo que recuerda mucho a los grabados de las antiguas cerámicas griegas, dejando de lado el realismo. Son increíbles los dibujos que presentan al niño Leónidas enfrentándose al lobo en invierno, antes de regresar a Esparta como rey y como no, el desenlace cuando aparece la visión desde los ojos del rey, a través de su casco. Por último, comentar que el dibujo que muestra a Leónidas lleno de flechas, salpicando de sangre en un último y desesperado intento de acabar con el rey persa Jerjes, es increíble y define a la perfección la carga emotiva de los acontecimientos. Aunque no es una lección de historia fiel, tampoco presenta nada descabelladamente opuesto a la realidad y no está mal para introducirse en el mundo apasionante de la historia de la humanidad.

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